A mediados del siglo XX la plaga de la filoxera invade los viñedos de Burdeos, impidiendo a los viticultores franceses producir vino. Bodegueros como Sauvignon, Vigier, Anglade, Serres o Porlier deciden entonces buscar lugares alternativos para plantar vides y encuentran en Haro unas condiciones muy similares a las de su región, con la ventaja añadida de que disponía de una buena conexión ferroviaria. Además de sus cepas merlot, cabernet sauvignon, malbec y pinot noir, los franceses, incluido el mismísimo Jean Pineau, traen nuevas técnicas de producción y espcialmente la conservación en barricas de 225 litros, que tenían como gran ventaja su fácil exportación.
Al mismo tiempo, en Bilbao, que venía siendo el principal mercado de vino de La Rioja, se estaba gestando una nueva burguesía en torno a las minas de hierro, los primeros altos hornos y las navieras que permitían exportar esa producción. Dos de estos «nuevos ricos» son Eusebio y Raimundo Real de Asúa Ibarreta, copropietarios de la sociedad Real de Asúa y Cía, dedicada al comercio y consignación de buques, y de una naviera propia, Serra, con diez vapores que hacían la ruta Bilbao-Barcelona.
Eusebio, que llegó a ser teniente alcalde de Bilbao y había estudiado en Burdeos, y su hermano fueron pioneros en observar las posibilidades de la exportación de los vinos de Rioja. Esto tuvo probablemente mucho que ver con una enfermedad de los bronquios de Eusebio Real de Asúa que llevó a abandonar Bilbao y establecerse en Haro. Allí buscó un «socio tecnológico», el cosechero Isidro Corcuera, para montar su propia bodega, proyecto al que se sumaron amigos y familiares: Dionisio Madariaga Real de Asúa, José Alejandro Rochelt Amann (primer gerente y un genio de la publicidad del momento), Mariano Izarza Colóme, Juan José Villareal Díaz de Corcuera, José Antonio de Arano Alegría, José María de Arriandiaga Alerásturi, Juan Antonio de Rementería Bidaurreta, Matilde Palme Armingaud, Francisco Olavarrieta Madariaga, Francisco Berbó, Luis María José Perré, Eugenio Víctor Vincent, Tiburcio Larrañaga Artola y Gregoria Uría de Echeandía.
Es así como nace en 1879 Corcuera Real de Asúa y Cía, que tres años después pasaría de denominarse la Compañía Vinícola del Norte de España, abreviada como CVNE, que con los tiempos se ha quedado en Cune por un simple error tipográfico. Su objeto social era comprar, elaborar y vender vinos y una de sus virtudes es que ha sobrevivido a los siglos.
CVNE se localizó junto a la estación de tren porque era este sistema de transporte el que permitía después llevar las barricas hasta los puntos de consumo. La sede social de la compañía estaba, no obstante, en Bilbao, donde residían los máximos accionistas, que habían aportado un capital de dos millones de pesetas. Los Real de Asúa, hoy en su quinta generación, siguen siendo los socios mayoritarios de CVNE, aunque tras diversos matrimonios, los primeros apellidos han ido variando y hoy son Delclaux, Vallejo o Urrutia.
Desde sus inicios, la bodega se organizó en torno a un patio central rodeado de edificios de piedra y tejados de cerámica, un conjunto que hoy se conoce como la Aldea del Vino. Esta «aldea» se convirtió en el eje de la actividad vitivinícola y social de la casa. Una de las primeras naves es la conocido como Eiffel, porque fue diseñada por el estudio del autor de la torre parisina del mismo nombre. Es una joya arquitectónica construida sin columnas, lo que permitió un gran espacio diáfano. Su construcción se prolongó desde finales del siglo XIX hasta principios del XX y fue restaurada en 2007.
La bodega Imperial, ubicada dentro del recinto original de CVNE, produce su vino más emblemático solo en cosechas excepcionales, siguiendo métodos artesanales estrictos. En 2013, el Imperial Gran Reserva 2004 fue designado Mejor Vino del Mundo por la revista Wine Spectator, siendo el primer vino español en lograrlo. Otras marcas suyas son Viña Real (1920) y algunas procedentes de otras regiones de España: Roger Goulart (cava), Bela (Ribera del Duero) o La Val (Albariño).
La historia de CVNE está estrechamente ligada a Haro: una sinergia entre arquitectura histórica, innovación, expansión familiar y orgullo regional. Desde una humilde bodega en el Barrio de la Estación hasta convertirse en un referente mundial, CVNE articula tradición y modernidad, siempre anclada en su origen riojano.


